Nuestra Emisora

domingo, 27 de diciembre de 2020

Con tantos tropiezos, Nadie Garantiza Nada a las Victimas.

Foto en la Red.  Comentario de UrdimbreRadio.  POR Luz Marina López- KAOSENLARED.NET 

       Una vez mas, se evidencia la perentoria necesidad de Verdad y Reparación, que clama el pueblo colombiano desde hace décadas, ante un sistema que se ha caracterizado por todo tipo de cohesiones y dilaciones a los procesos que se adelantan en las diferentes instancias de la Justicia Colombiana.  La defensa de los Derechos Humanos se ha estigmatizado a tal punto, que resulta un verdadero riesgo a la integridad y la vida misma asi como todas aquellas instituciones garantes en debida forma, han pasado del señalamiento a las acciones de hecho, contra miles de dirigentes en las regiones a lo largo y ancho del pais.  Con las practicas y recolección de testimonios, la JEP  confía cerrar su primera etapa, y a la vez, superar los sinsabores y embestida de los políticos de siempre, que no la ven con buenos ojos, y que por el contrario, desearían su intervención fatídica, para los derechos ciudadanos, al ver modificados algunos de sus principios que contempla la ley y el Acuerdo de Paz, legitimados a buena cuenta. 

Pero la guerra no solamente tiene detractores, sino defensores a ultranza, quienes de manera sistemática se han propuesto diezmar el normal funcionamiento de esta Jurisdicción, sino que han propiciado campañas de desprestigio al interior de las mismas instancias jerárquicas de las que ella emana, como el caso de la Corte Constitucional, para  hablar de un solo caso.  Los magistrados son llamados a responder cuestionarios a la fiscalía, por actos colaterales a su oficio como distractores de sus investigaciones y ponencias, en los últimos tiempos, para que la verdad se siga embolatando, como es costumbre vieja.

El tema de la Verdad del conflicto,  o en términos generales de cualquiera de interés encaminado a la búsqueda de autores intelectuales o circunstancias que causaron impactos funestos a la sociedad, llámense estos, violencias, actos de corrupción, desplazamiento, así como el demasiado feroz y común, de ocultamiento de pruebas, compra de testigos y otras barbaridades, se han puesto a la orden del día, y mas aún, publicitando su deliberado entorpecimiento a la institución Justicia en Colombia, que ya ni con un ápice de credibilidad cuenta.  Pasando a ser estos, los males mas enquistados en la sociedad colombiana: La Obstrucción a la justicia y la Búsqueda de la Verdad.

Colombia. Los desastres de la guerra. De victimarios a víctimas

El Informe presentado por el mando militar a la JEP adolece de flagrantes yerros conceptuales


El inmortal cuadro de don Francisco de Goya “El tres de mayo de 1808” , que  muestra en toda su crueldad la  ejecución de patriotas  madrileños que se levantaron contra la invasión napoleónica en España, tiene el  extraordinario mérito de en unas pinceladas que parecieran bruscas, mostrar en todo su extravío el horror de la guerra. Este  lienzo como coronación de la icónica serie de 82 grabados “Los desastres de la guerra” realizada entre 1810 y 1815 sobre el mismo episodio histórico. Y lo expone con suficiencia, sin necesidad de ir  a lo evidente: los ríos de sangre, la agonía de los cuerpos, las extremidades separadas del tronco y las imponentes o sencillas construcciones  mudadas  en nube de polvo.


El cuadro como una indignada apelación, muestra al pronto a ser  fusilado con los ojos desorbitados  reclamarle al verdugo la  injusticia del crimen que va a cometer. Sabiendo en todo caso, lo dice el impotente batir de sus brazos y el gesto derrotado, que la única respuesta a su alegato será la furia del cañón  humeante destrozándole el rostro. Y con él la vida.

Sí. Son los horrores de la guerra. De todas, con su carga de barbarie, injusticia, destrucción y qué tópico decirlo, muerte y desolación. También es ya un lugar común la sentencia que alguien acuñó  plagiando la patente realidad: “la primera víctima de la guerra es la verdad”.  Sí. Es verdad. Esto lo tienen bien sabido  todos los pueblos del mundo que saben que ayer, hoy o en un  pretérito cercano o lejano, la guerra ha sido  o es parte de su historia, y que está tapizada también de mentiras.

Para no caer en la redundancia de volver sobre el  inventario de los males de la guerra, vamos a referirnos a  un mínimo apartado apenas de entre ese omnímodo mal que acabamos de enunciar,  el de la verdad como primera víctima de ella. El lugar, Colombia, el escenario, el Acuerdo de Paz suscrito entre el Estado y las FARC-EP; la ocasión, el reconocimiento y restauración de las víctimas del  conflicto que por mandato del Acuerdo debe hacer el tribunal creado para ello, la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP. Y el mal, el nuevo desastre de la guerra  no suficientemente documentado,  la irrupción ante este tribunal, del Ejército de Colombia en reclamo de ser reconocido como  víctima de la confrontación. Quizás la mayor.

Y es que insólitamente, para indignación de los millones de víctimas del conflicto en Colombia,  de manera sorpresiva, el Ejército nacional aterriza en la Jurisdicción Especial de Paz con el resumen de los  gruesos volúmenes  que contienen la bitácora de los cincuenta y cuatro años de confrontación con las Farc, para a partir de  esa memoria de  bajas, pérdidas, heridos y desaparecidos en combate, reclamar que la principal víctima del conflicto armado interno que vivió Colombia  es la institución castrense. Y que así debe ser reconocido, y restauradas ella y los familiares de los afectados. Insólita es  palabra  insuficiente  para calificar lo extravagante de esa pretensión.

El despropósito  de esa exigencia, la agresión a las víctimas de  crímenes de Estado agrupadas en el gran movimiento nacional  MOVICE  que tiene  firmemente acreditados ante todas las instancias  de la justicia nacional e internacional docenas de miles de  crímenes de Lesa Humanidad  cometidos por la fuerza pública y en especial por el ejército,  no puede ser mayor. Equivale a una revictimización de ellas, al pretender quitarles el lugar cardinal que por derecho propio ocupan en el posconflicto. Despropósito por  razones políticas, jurídicas y morales, sin descuidar la principal, la  más contundente,  la de  la realidad de los hechos que se pretende desconocer haciendo escarnio de ella. Pero ¡qué torpe anotar esto cuando lo que  estamos es partiendo de que la primera víctima de la guerra es la verdad!

El  indignado rechazo a esa aspiración militar  por parte de las víctimas  -las verdaderas-  y que este artículo recoge, no pretende como lo interpretaría la parte interesada  instruida en el totalitarismo militar, desconocer -¡faltaba más!- que los militares  han sufrido bajas, heridas, retenciones, desapariciones y sacrificios en el largo conflicto. Y que ello hace referencia a seres humanos que igual sienten y sufren la aflicción por el dolor propio y el de un ser querido que quizás murió. Pero  extrapolar  este reconocimiento, dato cierto de  la realidad, otorgándole categoría de víctimas del conflicto a los afectados, hay un abismo que ningún argumento, ningún sofisma podrá zanjar.

Los militares óigase bien, asumen las contingencias de una confrontación armada, como algo propio y anejo a su misión y vocación. A su compromiso nacido de una relación legal y reglamentaria  -a la manera de un contrato en el mundo civil-,  por el que,  hay que decirlo, reciben como contraprestación un salario, condiciones muy dignas de vida,  garantías  de estabilidad,  educación, bienestar social para ellos y sus familias, seguros de todo tipo, privilegios  prestacionales y tributarios, pensión de jubilación  temprana  si es su deseo, y de contera fueros penales, disciplinarios y aún carcelarios para que los delitos –así sean atroces- que cometan, sean tratados con una benevolencia que no conocen los civiles y que  de por sí son un baldón para las víctimas.

De modo que aspirar a investir con el título de víctimas del conflicto y por cuenta de las Farc, como lo hace el informe presentado por el comandante del Ejército ante la Jurisdicción Especial de Paz,  a todos y cada uno de los militares por los muchos años que las combatieron y que a resultas de ello sufrieron lesiones, mutilaciones, pasaron vicisitudes, se sacrificaron en la selva,  fueron muertos, hechos  prisioneros de guerra o tuvieron algún trauma sicológico, ello en particular por los combates de los que salieron en derrota a despecho del  parte militar que hablaba de  clamorosa victoria, aspirar a ello  repetimos, es una burla para los millones de sacrificados que no tenían por qué serlo ya que no eran parte beligerante, no estaban  en la obligación de asumir en su carne los riesgos de las confrontaciones. La gran mayoría ¡qué ironía!  por cuenta de la institución que hoy se presenta como afectada.










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