Nuestra Emisora

martes, 15 de septiembre de 2020

HISTORIAS DE LAS COMUNIDADES LATINAS

 

Foto Oranizacion del Evento.  Especial Invitación
   Comentarios UrdimbreRadio

 Especiales elogios siempre para el cine documental latinoamericano, que recorre las pantallas de Festivales internacionales.  Se destacan nuevas producciones de jóvenes talentosos, y por supuesto, nuevas historias por contar.

El género documental gana cada dia, nuevos adeptos, aún por consolidarse, sobre todo cuando el público gira su mirada al cine étnico, que aún esta por consolidar grandes públicos, y más aún cuando hemos estado sumergidos en el cine de efectos y taquillas altas, y sentido comercialista.  Es otro momento en que la historia ubica en primer plano, el cine que nos acerca a nuestras realidades, y grandes historias por narrar,  Invitadisimos todos a estos conversatorios.


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jueves, 10 de septiembre de 2020

VIOLENCIA GENERA VIOLENCIA


Foto en la Red.  Sept.9 DIA INTERNACIONAL DE LOS DERECHOS HUMANOS.  Por Claudia Mar UrdimbreRadio.

  Contradictoriamente, el día de hoy, un ciudadano, abogado de profesión, muere a manos de 2 agentes de Policía, quienes sordos a sus súplicas y de un amigo de la victima, aplicaron Choques Teiser, un arma que que es de uso privativo reglamentado para la Policia Nacional.     A Javier Ordoñez,  no obstante estar totalmente reducido e indefenso, le aprisionaron el pecho lo cual le ocasiona la muerte, una vez ingresado a un hospital.

La ciudadanía indignada, exige que este incidente no pase a investigación exclusiva de los organismos militares, so pena de impunidad, y por el contrario, sea de público conocimiento y sea  tramitada de manera urgente la prohibición de dichas armas, se investigue a las autoridades locales, donde ocurrieron los hechos, y que se explique a la comunidad, porque se ejerce violencia a personas en estado de indefensión, por lo cual deben responder las autoridades.

Las fuerzas militares y de policía dicen capacitar a sus miembros en Derechos Humanos, hechos que no se ven reflejados en un actuar cotidiano, por el contrario, existe una natural animadversión entre policía Esmad y Estudiantes, ampliamente conocida.  Hechos sobre los cuales, nunca se han tomado acciones tendientes a superar actos de violencia, de parte y parte.  La violencia solo engendra mas violencia, pero una actitud apática produce además de violencia, insatisfacción generalizada.

Las normas de seguridad que se aplican indiscriminadamente, a todo tipo de individuos y contextos, parece ser que no han demostrado en los hechos, ningún logro significativo.  El respeto a las leyes internacionales que amparan los Derechos Ciudadanos, El estado de Indefensión, y el exceso de autoridad son temas que han ocupado los diarios, en varios paises, y se observan duros cuestionamientos a la ¨tendencia de imponer autoridad¨ desde cualquier ángulo que se le mire. 

Las pedagogías del buen trato y respeto a la condición humana en desigualdad de condiciones para legitimación del  poder, ameritan ser revisadas,  pues desde diferentes instancias de la cotidianidad, la sociedad se ha sumido en todo tipo de violencias,  inaceptables desde el mismo gobierno y sus instancias, que no solo deben dar buen ejemplo, sino ser garantes también de respeto hacia los ciudadanos.

En un Estado que reporta oficialmente, 36 masacres en lo que va corrido del último año ante el silencio de los organismos de seguridad en apartadas regiones del pais, donde los activistas de Derechos Humanos y lideres cívicos han estado a merced de balas y sicariato, y nadie responde argumentación válida, que sirva de aporte a las investigaciones que terminan luego de años, en la impunidad.  

Situación de la que no han escapado jóvenes que nada tienen que ver con el conflicto armado o delincuencia común, como suelen llamar  eufemísticamente a  las victimas de los últimos dias,  cuando son muchos los factores desestabilizantes que han operado en el pais por décadas. 


                                                   


Es un momento decisivo para la Paz, que debe suponer cambios estructurales en el tema de Derechos Humanos, Urgente pacificación de los territorios sumidos por la violencia, Fortalecimiento a la cultura de la Paz y la tolerancia, como emblemas de la nueva cultura desde las escuelas, hogares y en edades tempranas.

´Esta es una sociedad qué ha heredado el odio como pedagogía. Caminamos con la columna arqueada, por el peso y el paso de los años, de tantas necesidades frustradas, tanta justicia aplazada, y los triunfos hurtados.. cuando la sociedad clamó por una transformación. Hoy lo estamos viendo reflejado en todos los acontecimientos, dónde ha escapado la justicia... Triste pérdida de vidas, cuando lo que se precisa es la vida para la paz... En la Celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos.¨ Claudia Mar, UrdimbreR.

Son estos dificiles tiempos, propicios para la reflexión y análisis. Tiempo de prácticas creativas de colectividades con sentido de cambio, de lo cual traemos el ejemplo del movimiento estudiantil en pro de recursos para la educación pública y reivindicaciones sociales a la vez. N21. ( Noviembre 2019)





























 

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lunes, 31 de agosto de 2020

ARTISTAS INTERNACIONALES SE UNIERON A UN CANTO POR COLOMBIA

Foto Promocional en las redes.  Comentario URDIMBRE 

Mas de 100 artistas unieron sus voces por la Paz, a través de las redes sociales de Ong´s  Cruz Roja Internacional y Asociaciones Defensoras de Derechos Humánanos, hicieron un llamado al gobierno Nacional para que se investiguen a fondo los hechos de violencia ocurridos en el ultimo año, y desde la firma del Acuerdo de Paz, que dan cuenta de más de 450 firmantes de dicho Acuerdo, asesinados en los propios sitios convenidos como territorios de desmovilizados y Reinserción productiva para la Paz.

En red, se unieron artistas nacionales, periodistas y connotados artistas extranjeros que se unieron en un solo propósito, un llamado Urgente para que cesen las masacres que en los últimos días, han sobrecogido al mundo, por tratarse muertes violentas que dejan un saldo de 50 jóvenes durante el mes de Agosto 2020.  Aterradoras cifras que dejan en el desconsuelo a padres de familia, ya que la mayoría de las victimas del último mes, son jóvenes en edades entre los 14 y 23 años.

El concierto en concordancia con el Dia de las Victimas de Desaparición,  llama también la atención del mundo a la situación que viven familiares de estas victimas del conflicto y la impunidad, que solicita vehementemente el esclarecimiento de la verdad y verdadero compromiso de Reparación con ellos, porque aún hoy, no se sabe del paradero de muchos de ellos, que se unen al relato y memoria de tristes sucesos que han marcado a Colombia, como uno de los paises mas violentos del mundo, desafortunadamente.

El concierto es una ventana que se abre al mundo, en la búsqueda de solidaridad y acompañamiento a los familiares de victimas que aún lloran por sus desaparecidos seres queridos.  Un alto en el camino, nos lleva a la reflexión que la Paz se debe defender todos los días, y por todos y cada uno de los colombianos, para que no nos mate la indiferencia.  Saludamos este evento y seguiremos aunándonos a este tipo de iniciativas, que siguieron mas de 50 mil personas, en linea, simbolizando los brazos unidos en el mundo en favor de Colombia.



 

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sábado, 29 de agosto de 2020

CINE COMUNITARIO DEL SAHARA.

Foto Festival de Cine del Sahara. 

Este Domingo 30 de Agosto, a través del FacebooklLive del grupo Chaski  en conversación la directora del Festival Internacional del Sahara María Carrión y co-fundadora de la Ong española Nomads y Sergio Kaminu, director colombiano del cortometraje ¨Mi Amigo  Nayem¨ película realizada en los campamentos de Argelia. La conversación girará en torno al cine comunitario y la utilización de esta herramienta audiovisual para visibilizar, empoderar y entretener al pueblo refugiado que lleva más de 38 años exiliado de su tierra.


 

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viernes, 28 de agosto de 2020

LA VIOLENCIA QUE SE CONVIRTIO EN COTIDIANIDAD- MASACRES IMPUNES

Foto de Revista SUR. Escrito por:  Diana Sanchez Lara. Agosto 28-2020

  ¨Ya no aterra nada en este pais, doblemente golpeado por la violencia y su ola de impunidad, y la corrupción perce, que se instalo casi desde comienzos de siglo.  Se posibilitaron los Acuerdos de Paz, con el ánimo de pacificar los territorios, ante la dejación de armas, y la puesta en marcha de dichos acuerdos pactados en el gobierno del presidente Santos, Nobel de Paz, que entre otras cosas, no le ha favorecido a nuestro pais significativamente.  El gobierno actual, se lanza en contra del proceso firmado y su creada Justicia Especial para la Paz JEP-  Entre otros tantos factores desestabilizantes que en nada contribuyen a cesar el horror que en el ultimo año, ha cobrado mas de 500 vidas. Las masacres del último mes, dan cuenta de 45 personas, la gran mayoría jóvenes, lo que corrobora la falta de garantías para el ejercicio de la vida, pues ya no solo se trata de lideres sociales, sino de personas habitantes de zonas donde tienen incidencia los violentos.  Mientras el estado sale a afirmar que se trata de vendettas de jóvenes implicados con bandas de narcotráfico y delincuencia comun.....Volvió el terror o nunca se ha ido?  (Comentario de Claudia Sar Urdimbre Radio)¨ 


Cuando una sociedad no es capaz de realizar a tiempo las reformas que el orden social le exige para su continuidad, la historia las resuelve a su manera, a veces con altísimos costos para todos”. Quizás esta sea una de las sentencias que recoge de mejor manera el triste transcurrir de nuestro país, plasmada por el poeta y ensayista William Ospina, en su texto Colombia: el Proyecto Nacional y la Franja Amarilla, hace más de 20 años. Sentencia que seguramente la clase política gobernante no leyó y si lo hizo no entendió o lo peor, sí la leyó, no le importó.

Más de dos décadas después, con una desmovilización paramilitar y un histórico proceso de paz a cuestas, el país asiste con asombro y dolor, al panorama aterrador de 45 masacres en los ochos meses corridos del 2020, con al menos 182 víctimas (Indepaz, 2020). Sin embargo, la estadística va más allá. Según el portal periodístico de Verdad Abierta, entre el 1 de enero de 2019 y 22 de agosto de 2020, ascienden a 93 los hechos de masacres, con 348 víctimas (Verdad Abierta, 2020). Es decir, los primeros dos años del gobierno de Iván Duque tienen la impronta de esta modalidad criminal.

Sin embargo, ante la contundencia de los hechos y la crítica nacional e internacional, el gobierno nacional recurre eufemísticamente a mencionar esta ola de crueldad, como asesinatos colectivos y calificar a las víctimas en general, de narcotraficantes. Con estas afirmaciones, además de legitimar y justificar tales crímenes, al quitarles importancia a las víctimas, también pretende restarle gravedad a los hechos, y nada de raro tiene que en los próximos días diga, sin asomo de rubor, que dichas masacres no existen porque no están tipificadas en el código penal. Con este cambio de nombre, igualmente limita el alcance  del significado y connotación dado por investigadores sociales como Ricardo Badillo Grajales, quien describe una masacre como un tipo de asesinato que compromete a varios individuos (víctimas) al mismo tiempo, quienes normalmente son agredidos de manera indiscriminada, a lo que se suma el estado indefensión en que se encuentran al momento de ser atacadas y por tanto, en inferioridad de condiciones para defenderse (Badillo, 2013).

Tal vez ingenuamente los colombianos pensábamos que las masacres eran cosa del pasado, de la historia y que no volveríamos a presenciar, al menos, masivamente, tan inhumano comportamiento. Creíamos que las ocurridas en el pasado, habían quedado consignadas en el documento del Centro Nacional de Memoria Histórica, Basta Ya, y en los procesos jurídicos adelantados en los tribunales  judiciales. Sabíamos que ese tipo de violencia no se iría de la noche a la mañana, y efectivamente siguió ocurriendo en años anteriores, como lo ha documentado OACNUDH. La diferencia es que hoy, el fenómeno retomó su fuerza y pareciera no ceder en el futuro próximo, al menos, mientras termina este gobierno.

Pero bien, más allá de los hechos, las cifras, el dolor y la angustia, y retomando la sentencia de William Ospina, toda esta tragedia humana, se pudo evitar y se puede evitar hacia adelante. No se trata de una predestinación fatal, es la consecuencia de la actuación deliberada de los gobernantes de este país, que a pesar de contar con oportunidades históricas para cambiar el rumbo de nuestra historia y contar con herramientas políticas, jurídicas y legales, no lo hacen.

Desmovilizaciones sin transformaciones

Álvaro Uribe promovió y concertó con las principales estructuras físicas del paramilitarismo, su desmovilización entre los años 2003 y 2005. Sin embargo, como se advirtió oportunamente, detrás de ese proceso, hubo un simulacro del desmonte del paramilitarismo, pues sólo desarmaron hombres de varios bloques, pero no se desestructuró el andamiaje político e ideológico, de tal manera que los promotores, financiadores y agentes estatales que lo promovieron quedaron intactos. El no haber dado ese paso, impidió superar el paramilitarismo como instrumento para mantener los intereses de sectores privilegiados, controlar territorios, comunidades y sectores incómodos para el poder. El fenómeno se mantuvo perenne y soterrado, con las principales cabezas militares extraditadas, sí, pero sus ideólogos y patrocinadores incólumes. Pero además, sin una desestructuración y transformación real de los ejércitos mercenarios, los mecanismos de guerra sucia, modalidades criminales y prácticas de sometimiento de altísima crueldad y sevicia, quedaron intactos en los hombres “desarmados” para seguir siendo usados en la medida que se necesitaran. El no haber planteado un proceso de verdad, justicia, reparación y no repetición, conllevó a que dichos ejércitos desmovilizados siguieran por el mundo sin control, sin contar la verdad y recurriendo a prácticas crueles y criminales a la hora de enrolarse con otros grupos ilegales, principalmente ligados al narcotráfico.

A esto se suma el papel de las Fuerzas Militares, que bien probado está, cohonestaron, apoyaron directamente, protegieron y se aliaron de manera determinante con los paramilitares para la comisión de los miles de crímenes contra las comunidades, líderes sociales y personalidades del país. Esto quiere decir que las Fuerzas Armadas de Colombia, hicieron parte de la estrategia paramilitar en su concepción y ejecución, y ese pensamiento no desaparece de la noche a la mañana por el hecho de la desmovilización paramilitar, ni por el retiro de generales, coroneles y demás oficiales, o porque algunos hayan desaparecido de muerte natural. Claro que no. Una doctrina o pensamiento arraigado en una institución, no se supera por decreto. La concepción de enemigo interno arraigada en el estamento militar no desaparece sin un proceso profundo de depuración y transformación de doctrina y pensamiento, y eso no ha pasado. Dentro de las muchas consecuencias de este anacronismo de las Fuerzas Militares, está la legitimidad que una importante tendencia del estamento, sigue dando a esas prácticas criminales y uso de métodos sucios, para controlar a los movimientos sociales, partidos de oposición o personas críticas del establecimiento, dada su eficacia. Por ejemplo, ejecuciones arbitrarias, violencia sexual, bombardeos indiscriminados, interceptaciones ilegales, perfilamientos, entre otros.

Proceso de paz con las FARC

A pesar de ser un diametralmente distinto al de Santa Fe de Ralito, el proceso de paz entre el gobierno nacional y la exguerrilla de las FARC, también adoleció de transformaciones profundas por parte del Estado para erradicar las raíces que dieron origen a esta guerrilla. Quedó claro que el Acuerdo de Paz firmado fue para poner fin a la confrontación armada y no para cerrar toda la conflictividad económica, política y social que lo alimentaba. Pero, ni siquiera en el marco limitado del Acuerdo, el Estado ha cumplido con lo básico del mismo, para garantizar su éxito. Es el caso del punto Uno, relacionado con la Reforma Rural Integral, cuyo desarrollo es apenas el enunciado.  Esto es, sin duda alguna, indicador del nulo interés de las clases políticas para responder a esas reformas básicas para detener la desigualdad que alimenta la violencia estructural y por ende, la directa. Actitudes como éstas, dieron pie o estimularon a facciones de excombatientes a mantenerse en la actividad ilegal, con la excusa de la traición.

Dicha respuesta, evidencian igualmente, que las élites políticas y económicas del país tenían interés en desmovilizar a la guerrilla más antigua y grande del continente, a como diera lugar, pero no necesariamente generar las reformas o transformaciones básicas para superar las causas que ambientaron su creación. Y es justamente ahí donde radicaba el mayor riesgo de mantener las condiciones para la violencia estructural, cultural y directa. Sentencia que se cumplió con creces. El Estado no llegó a los territorios dejados por las ex FARC, facilitando el espacio a la variedad de grupos ilegales y narcotraficantes que hoy crecen y se multiplican al amparo de las Fuerzas Militares, esas que no cambiaron. Esto además confirma nuevamente el desprecio de las clases gobernantes hacia las comunidades y territorios marginales, periféricos, habitados por campesinos, indígenas y  afrodescendientes, lugares donde justamente se presentan las masacres, que nos descolocan como defensores de la vida: Cauca, Catatumbo, Bajo Cauca Antioqueño, Nariño, Putumayo. Lugares donde también se da el mayor número de asesinato de líderes sociales, pero también donde ganó el plebiscito por la paz y el gobierno no les ha cumplido a las comunidades que le apostaron a la sustitución de cultivos.

El gobierno de Iván Duque de la mano de la violencia

Como si lo anterior fuera poco, el gobierno de Iván Duque, de manera deliberada, desconoció la política de sustitución de cultivos de uso ilícito, recogida en el Programa Nacional Integral de Sustitución, PNIS, y dejó 100 mil familias que se acogieron a él, a la deriva, desprotegidas y lo peor, en manos de los grupos dedicados al narcotráfico, sean grupos residuales de las ex FARC, paramilitares y bandas menores que se oponen a la sustitución de cultivos, para lo cual desataron una guerra contra los líderes y lideresas sociales que promueven las sustituciones.

Por tanto, resulta indignante que el gobierno se escude en que estos grupos son los responsables exclusivos de las masacres y asesinatos de líderes sociales, evadiendo su gran responsabilidad, por un lado, por no garantizar la vida e integridad física de estos ciudadanos, como es su obligación constitucional y legal, y por otro, porque ha contribuido de manera determinante en la configuración de estos contextos propicios para el crecimiento exponencial de la violencia y grupos al margen de la ley.

Tanto el gobierno de Juan Manuel Santos como el de Iván Duque, quedaron con una herramienta normativa interesante para avanzar en el desmantelamiento del paramilitarismo y crimen organizado: la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad, establecida en el Acuerdo de Paz, a través del Decreto Ley 154 de 2017, mandato para crear una política integral de desmonte del paramilitarismo y crimen organizado. El primero le dio formalmente la importancia que tiene, pero, de entrada, no avanzó hacia su objetivo principal y empezó por las ramas. El segundo, la desconoció completamente, pero se vio obligado a convocarla por fuerza de presión política. Sin embargo, hábilmente,  el consejero para la paz, Miguel Ceballos, la despojó de su naturaleza y convirtió en un espacio menor y consultivo del Plan de Acción Oportuna, PAO. Nada se ha hecho con relación al desmonte del paramilitarismo y crimen organizado, a pesar de las propuestas por los comisionados de sociedad civil. Actualmente, el gobierno sólo simula implementar el mandato de la CNGS y mientras tanto, le abre campo al crecimiento del paramilitarismo y grupos residuales de las ex FARC, y expansión del ELN.

Una cuarentena inhumana

Más recientemente, en el marco de la pandemia, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas publicó la Resolución 2532 de 2020, para exigir y exhortar a todas las partes en el mundo (gobiernos y grupos armados) donde hay conflicto armado, a cesar hostilidades y generar alivio humanitario a las comunidades y así, restar más tragedias a la crisis sanitaria. En Colombia, a pesar de que la Resolución es de obligatorio cumplimiento y a la exigencia de sociedad civil, el gobierno de Iván Duque desechó tal posibilidad humanitaria y evitar más muertes innecesarias. Solo el ELN en el mes de abril, decretó un cese unilateral del fuego, por un mes, atendiendo el llamado de la ONU, situación que fue respondida por el gobierno a sangre y fuego.

A  lo anterior se agrega la falta de respuesta oportuna a las múltiples alertas tempranas emitidas por la Defensoría del Pueblo, a través del SAT, mecanismo fortalecido en el Acuerdo de Paz a través del Decreto 2124 de 2017 para que sus llamados tuvieran respuesta inmediata y eficaz por parte del gobierno nacional y territoriales. Sin embargo, no ha sido así. De acuerdo una investigación realizada por el portal de Verdad Abierta, ante las negativas respuestas de las instituciones, la Defensoría del Pueblo mejoró el seguimiento a las mismas y adicionó el mecanismo de informes de consumación que dan cuenta de las respuestas o no a las alerta. Los resultados, son menos que pobres, pues desde el 18 de diciembre de 2017 a agosto de 2020, esa entidad del Ministerio Público ha emitido 675 informes de consumación de hechos advertidos, sin respuesta positiva por parte de gobiernos y Estado.

Queda claro que no es la predestinación el sino de Colombia, es la falta de voluntad política de las clases dominantes que administran el país, para hacer las reformas y transformaciones necesarias para cerrar el estadio de violencia que vivimos. Pero como eso ya no pasará, nos corresponde a la sociedad tomar las riendas de ese destino e impedir que siga siendo la historia la responsable de pagar tan alta cuota por nuestra existencia.

Diana Sánchez Lara, Directora de la Asociación Minga, Vocera de la plataforma de DDHH, Coordinación Colombia Europa Estados Unidos

Foto tomada de: El Espectador


 

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